20/6/09


Una vez más he llegado a este lugar.

Tan sombrío, tan frío.

Me he perdido una vez más.

He olvidado como regresar.


Me he desviado del camino

que antes me invitaba a andar,

dejando a un lado mis pies al caminar.


Veloces veo sus rostros pasar

cuando aún sigo sin volar.

Me voy quedando atrás,

o quizás voy más allá.

Pero aún siendo así,

es lo mismo

porque estoy en soledad.


Ya no encajo, he cambiado.

Me he olvidado de lo amado,

de lo amigo, del destino,

de lo bueno que ha pasado

en todos estos años.


Me torturo y me hago daño,

ya no aguanto ni siquera mi propio llanto.

Me cubro con negro manto

para que no vean lo que mato

de mi misma en este cuarto.


Me muero y me ahogo poco a poco.

Necesito un manicomio

como para esos locos

que se van quedando solos.


No quiero nada, nada quiero,

nada sirve si me muero

en el silencio más perverso

que esconden estos versos.


Son infinitas las cosas que yo pienso

que se pierden en profundos

y monótonos sentimientos,

que con el pasar del tiempo

no son lo mismo

y sólo los recuerdo como lejanos destellos negros.


Me resulta tan complejo expresar mis angustias,

mis tristezas.

Estoy decifrándome pieza por pieza.


Ya no existe el Sol que alumbraba mis pesares,

ya no existe la luna que acompañaba mi soledad.

Ahora ya no queda nada más que contar.

Creo que nunca conseguiré llegar a ese maldito lugar.


He estado cegada por bastante tiempo,

no he podido despertar y aún sigo en este encierro.

Encrucijada, distorsionada.

Exasperada cuando llega mi entierro

y alguien más atravieza hierro en su pecho.


He perecido.

Está hecho.

Lo siento.